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Un dia de excursión
Publicado en Aire libre y Ecología. Autor: manuelortegaortuño
Pero hay días que está de Dios el hacer las cosas, no como tu quieres hacerlas, sino como el destino quiere que las hagas y es que ese día...
Publicado el 18/05/2012
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Sábado 12 de Mayo de 2012, hemos planeado llevar a unos amigos al Nacimiento del Río Nervión, allá en el Monte Santiago, en el límite de las provincias de Burgos y Vizcaya, no lo conocen y es un paraje que casi es pecado no conocer, sobre todo teniéndolo tan cerca.
Pero aunque el paisaje y la zona son siempre espectaculares, el impresionante salto de agua, no cabe duda que luce más cuando esta es abundante, cosa que no suele pasar en estas fechas, pero que el haber vivido el mes de Abril más lluvioso en varias décadas, nos hizo pensar que el líquido elemento sería abundante.
Desde Baracaldo a Orduña, poco mas de 40 Kilómetros que no te llevan más de 30 minutos ya que la mayor parte de ellos trascurren por autovía, el viaje trascurrió más o menos como estaba previsto, cielo gris, pero sin lluvia y con una temperatura agradable.
Todo fue distinto desde Orduña a la cima del puerto, son unos pocos kilómetros pero con un desnivel muy pronunciado, una carretera con curvas de herradura, de las que se pueden contar quince, que serpentea entre una exuberante vegetación en la que abundan las hayas.
Pero hay días que está de Dios el hacer las cosas, no como tu quieres hacerlas, sino como el destino quiere que las hagas y es que ese día el viento sur que nos había hecho vivir una semana de calor muy poco normal en estas tierras, roló a componente Norte, y como siempre pasa, la masa de aire procedente del mar y cargado de humedad, al chocar contra las montañas acaba formando una espesa capa de niebla sobre todo en sus laderas norte.
Nuestro gozo, en un pozo, desde casi el mismo pie del puerto, la niebla hizo acto de presencia. La visibilidad era prácticamente nula, menos mal que el tráfico era escaso y llegamos a la cima del puerto con el miedo en el cuerpo y sin haber podido disfrutar de ese espléndido paisaje.
Una vez en el aparcamiento donde hay que dejar el coche para entrar en el Espacio Natural donde se encuentra el mirador, pudimos comprobar que era absurdo entrar, no íbamos a ver nada, la visibilidad no alcanzaba más halla de 10 o15 metros, por otro lado hacer la bajada del puerto en aquellas condiciones tampoco era muy aconsejable, por lo que decidimos seguir hacia delante, pensando que una vez en la Meseta la niebla iría desapareciendo.
Y así fue, unos pocos kilómetros más y un cielo azul intenso nos dio la bienvenida. A nuestra espalda todavía podíamos ver grises y densas nubes en las cumbres de las montañas que poco a poco parecían alejarse.
Ahora venía el reprogramar la excursión, estábamos en una zona que salvo el Espacio Natural del Monte Santiago y el ya citado Salto del Nervión conocíamos muy poco, la carretera entra de nuevo en tierras alavesas salpicada de pintorescos pueblos con casas de piedra, muchas con su escudo; Osma, Fresneda y Espejo, desde donde un par de kilómetros después tomamos una desviación con la intención de tomar la A-68 y llegar hasta Miranda de Ebro.
Y llegó la sorpresa, lo habíamos oído nombrar: “Valle Salado de Añana”, pero la verdad es que no sabíamos ni donde estaba, fue la casualidad lo que nos hizo dar con él.
Nos enteramos que fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1984 y que se encuentra en trámites para ser declarado Patrimonio de la Humanidad, que es uno de los paisajes salineros más insólitos del planeta: Alrededor de 5000 plataformas donde se produce la evaporación, dispuestas en terrazas construidas de madera, arcilla y piedra y que datan desde tiempos romanos y actualmente en proceso de restauración
Hicimos una visita guiada en la que nos explicaron el por qué hay sal en este lugar, se dice que este emplazamiento estaba cubierto por el mar hace unos 200 millones de años, al secarse dejó una capa de sal de varios kilómetros de espesor que con el paso de los años se fueron cubriendo con estratos de tierra, varios manantiales hacen aflorar a la superficie un agua casi saturada de sal.
En fin, un día que se prometía feliz, que paso a ser un fracaso y que al final se convirtió en una visita a un lugar espectacular, cargado de historia y lleno de particularidades que aún lo hacen más especial. Pasear por los senderos siguiendo el curso de sus muchos canales de madera que distribuyen el agua salada por sus más de 120000 metros cuadrados lo convierten en una aventura inimaginable.
Acabar la visita con una comida en cualquiera de los restaurantes de Añana o de los pueblos colindantes nos servirá para no olvidarnos que estamos en el País Vasco, donde el buen comer forma parte de sus tradiciones.
No lo dudéis, a la menor oportunidad que tengáis acercaros por estos lares. No os arrepentiréis.
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