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Cangas de Onis, la ventana al río de mis sueños
Publicado en Arte y patrimonio. Autor: princesa eboli
Se acercaba San Valentín y habíamos pensado en celebrarlo en un lugar especial.
Publicado el 23/02/2012
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Se acercaba San Valentín, habíamos pensado en celebrarlo en un lugar especial, en uno en que no hubiéramos estado nunca ninguno de los dos, el tiempo era frió, nos encontrábamos en pleno temporal siberiano, con temperaturas bajo cero, nieve en muchas carreteras y lluvia.
Finalmente nos decimos por ir a Asturias, eran muchas las veces en que habíamos planeado ir a conocer el monasterio de San Pedro de Villanueva en Cangas de Onís, la abadía milenaria, y al final por una cosa o por otra lo íbamos posponiendo, esta vez iríamos contra viento y marea en este caso contra temporal de lluvia y nieve, pues durante todo el trayecto nos acompaño el agua con su presencia.
Por el camino quedaba uno maravillado por esos paisajes tan espectaculares y cinematográficos, y en mas de una playa que divise y mas de un paraje que me sorprendió en el camino, los pude reconocer de anteriores visiones en una gran pantalla.
Todo era como en los bellos exteriores de esas películas rodadas en tierras del principado, playas rocosas con cuevas enigmáticas, niebla entre las montañas, villas indianas de aire romántico, todo invitaba a la melancolía y al romance.
Llegamos a primera hora de la tarde, la bruma le otorgaba un aire dulce al parador, sus prados verdes, húmedos, los árboles arropando la iglesia del monasterio, en la entrada las luces cálidas nos daban la bienvenida
Un cenobio ancestral que se encuentra arrimado a las orillas del río Sella, un lugar cargado de la historia mas antigua de nuestros orígenes.
El claustro inferior tiene un encanto especial, en el centro una pila, que fue fuente y a veces se llena de flores para decorarla, la lluvia mojando las plantas y los tejados, los corredores llenos de luz dorada, con cuadros, imágenes y portones de antaño, la escalera de mármol rosado, llegando a la galería superior donde nos recibe una madera lustrosa en su suelo y se suceden los muebles recios, cuadros, sillas, jarras y cestos, hasta llegar a nuestro cuarto, abrimos la puerta y nos encontramos con una antesala, le sigue una puerta de dos hojas de cristal, y de pronto esa estancia golosa, suave, amplia, como una casa de muñecas gigante, o como el dormitorio de una Julieta medieval, vistiendo doseles sus camas, para sentirte arropada y a temporal, tres ventanas iluminan la estancia, una al lado de la cama, otra con balcón, y la ultima casi como un lucero, desde todas ellas se ve como baja el río, revuelto, bravo, fuerte y fresco, es un sueño ver esa imagen desde el lecho, una canción de cuna con la que dormirse, escuchando el murmullo del agua bajar entre los pedruscos y las raíces de los árboles que lo serpentean, un refugio, un templo para celebrar la complicidad, el cariño, el amor.

Más tarde seguimos descubriendo más estancias y rincones, bajando la escalera encontramos el salón con la chimenea, todas las tardes a las seis y media, se encargan de que el fuego caliente el hogar, que el olor de la leña te haga sentirte seguro y sin frió.
Nos acercamos a conocer el puente romano de Cangas, en su medio cuelga una cruz que te impresiona, es una cruz griega con un alfa y una omega, recordándonos la divinidad, el principio y el fin de todo, poco a poco, casi piedra por piedra subo hasta el, me poso en su mitad y contemplo desde allí el paisaje, el rió, casi el infinito, y a lo lejos a Él, que me contempla con esa ternura y ese amor desmesurado, ese momento lo grabas en tu retina, "que no pase, que no pase, que la lluvia que me esta mojando grabe este momento en mi memoria"

Al día siguiente la niebla lo invade todo, lentamente subimos hasta el santuario de Covadonga, apenas si hay gente, la iglesia desierta, solo una anciana y casi invisible monja reza el rosario en una esquina, la sombra de la cruz se agranda y llena la cúpula del altar, y la hermosa imagen de una virgen le resta dureza al templo que luce gris, importante y solemne.
A la entrada orgulloso, enorme y fuerte se erige la estatua de Don Pelayo, con su espada apuntando a la tierra, con las montañas tras el, cerca del cielo, acariciando las nubes, y te sientes pequeño, casi insignificante al lado de semejante representación de gloria y poder.
Al entrar en la cueva te reciben multitud de velas encendidas, parpadean en rojo sus llamas llenas de peticiones y deseos, te adentras y ves a la Virgen, la Santina la llaman los astures, y cerca el ruido de la cascada que cae de la gruta santa, un lugar de culto de misticismo.
El viaje continúa, casi sin darnos cuenta el camino nos lleva a un impresionante mirador y frente a nosotros los picos de Europa nos saludan inmaculados vestidos de nieve, la lluvia sigue cayendo. Creo que en parte es mejor así, Asturias sin lluvia no seria lo mismo, es su ambientación perfecta, la de su identidad mas arraigada, me gusta esta tierra, y ver tantos hórreos saludándonos por el camino, todo repleto de hórreos, supongo que me tira la sangre celta, que cada vez que diviso uno me emociono y me siento casi en tierras gallegas, un poco mas cerca.

Al caer la tarde volvemos a nuestro refugio de piedra y madera ,a nuestro aposento de ensueño,en ese en el que no cabría ningún signo de modernidad ni tecnología,en el que bastaría con calentarse al calor de la chimenea para sentirse feliz,y soñar con el sonido del rió que corre detrás de tu ventana....y al despertar mirarte en los ojos de quien te contempla con la misma ternura que en la distancia , con la misma intensidad del primer día...Feliz San Valentin!
Fotografías de la autora.
Dedicado a Natalia y a Mike, mis amigos astures.
Mi mas sincero agradecimiento a todo el personal del parador: Covadonga, Beni, Teresa, Severino, y todos los demás, que hicieron nuestra estancia inolvidable.
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